Método ERA

El Método ERA es una propuesta de acompañamiento y gestión construida a partir de la experiencia en educación, conducción institucional, formación docente y trabajo con organizaciones sociales. Parte de una premisa sencilla: antes de proponer soluciones es necesario comprender la realidad, escuchar a las personas involucradas y reconocer tanto las necesidades como los recursos disponibles

No se trata de aplicar una receta única. Cada institución, organización o equipo tiene su propia historia, sus vínculos, sus posibilidades y sus dificultades. Por eso, el Método ERA propone construir respuestas junto con las personas involucradas, generando participación, consenso y sentido de pertenencia para que los cambios puedan sostenerse en el tiempo

Como funciona el Método ERA

El Método ERA comienza por comprender antes de intervenir. Cada proceso parte de una lectura de la realidad que permita reconocer qué está ocurriendo, quiénes participan, cuáles son las necesidades, qué recursos existen y qué posibilidades concretas de transformación pueden construirse.

Observar y comprender la realidad

Antes de proponer cambios es necesario conocer la realidad en la que se va a intervenir. Esto implica observar cómo se organiza la institución u organización, cuáles son las necesidades de su comunidad, cómo es el clima de trabajo, cómo se relacionan y comunican las personas, qué características tiene el liderazgo, cuál es la actitud frente al cambio y con qué recursos se cuenta o cuáles será necesario generar.

Escuchar e identificar necesidades

Escuchar permite comprender cómo viven la situación las personas involucradas y reconocer cuáles son las necesidades reales, no solamente las que aparecen a primera vista. Esta instancia busca incorporar distintas miradas, identificar prioridades y generar un espacio de participación que permita construir una comprensión compartida del problema.

Reconocer recursos y posibilidades

Toda realidad presenta dificultades, pero también capacidades y recursos que pueden convertirse en puntos de apoyo para el cambio. El Método ERA busca reconocer los conocimientos, experiencias, personas, redes y recursos disponibles, identificar aquello que todavía falta y analizar qué nuevos recursos o alianzas pueden generarse para hacer posible la intervención.

Construir acuerdos y definir prioridades

Las transformaciones tienen mayores posibilidades de sostenerse cuando quienes participan pueden comprenderlas y sentirse parte de ellas. Por eso, el Método ERA promueve la construcción de acuerdos, el intercambio de diferentes puntos de vista y la definición conjunta de prioridades, procurando generar compromiso y sentido de pertenencia en torno a las decisiones que se adopten.

Transformar las prioridades en acción

Una vez definidas las prioridades, es necesario convertirlas en un plan posible. Para ello se establecen objetivos, acciones concretas, responsables, recursos, plazos e indicadores que permitan acompañar el proceso. La estrategia busca construir un puente entre lo necesario y lo posible, avanzando con los recursos disponibles y generando aquellos que todavía sean necesarios.

Evaluar, aprender y sostener resultados

Evaluar no significa solamente comprobar si las actividades previstas se realizaron. El Método ERA busca reconocer qué cambió a partir de la intervención, qué resultados pueden demostrarse mediante evidencias, qué aprendizajes dejó el proceso y qué capacidades quedaron instaladas. Esa información permite realizar ajustes, fortalecer lo alcanzado y generar condiciones para que los resultados puedan sostenerse en el tiempo.

De la intervención a resultados sostenibles

Infografía del Método ERA: seis etapas para transformar necesidades en resultados posibles y sostenibles.

El propósito del Método ERA no es solamente acompañar una intervención, sino contribuir a que las instituciones, organizaciones y equipos desarrollen capacidades para continuar aprendiendo, tomando decisiones y construyendo nuevas respuestas. Cada proceso deja experiencias, evidencias y aprendizajes que pueden convertirse en el punto de partida de una nueva etapa de mejora.

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